Camilo Vázquez sitúa en su contexto dos caricaturas que muestran al banquero Jacques Necker como charlatán, tahúr e ilusionista. Necker desempeñó un papel crucial antes y durante las primeras etapas de la Revolución Francesa, y su destitución desencadenó protestas que culminaron con la toma de la Bastilla.

Las caricaturas muestran la utilización del ilusionismo en la sátira gráfica como herramienta de crítica política.


